Sant Boi de Llobregat creció a un ritmo enorme durante los años 60 y 70. Para alojar a las miles de familias que llegaban al Baix Llobregat se levantaron grandes promociones de bloques en Marianao, Camps Blancs y Ciutat Cooperativa, a menudo con mucha prisa y con los materiales que había a mano. Parte de aquel parque de viviendas, hoy con más de medio siglo, arrastra patologías estructurales que conviene conocer antes de gastar un euro en una reforma. La más temida es la aluminosis, pero no es la única.
Qué es la aluminosis y por qué afecta a estos bloques
La aluminosis es la degradación del hormigón fabricado con cemento aluminoso, un material que se usó con frecuencia en la edificación de los años 50 a 70 porque fraguaba muy rápido y permitía construir a buen ritmo. Con el paso de las décadas, ese hormigón sufre un proceso químico llamado conversión: pierde resistencia, se vuelve poroso y deja entrar humedad y aire hasta las armaduras de acero. En las viguetas de los forjados, que es donde más se empleó, el resultado es una pérdida progresiva de capacidad portante.
Sant Boi, como ciudad de interior densa y metropolitana junto al río Llobregat, comparte el mismo problema que otras poblaciones del cinturón de Barcelona: muchos edificios de aquella época levantados con sistemas de viguetas prefabricadas. No todos los bloques de Marianao o Camps Blancs tienen cemento aluminoso, ni mucho menos, pero la única forma de saberlo con certeza es analizarlo. Suponer que «no pasa nada» antes de una reforma es el error más caro que se puede cometer.
La carbonatación, el problema silencioso
Junto a la aluminosis aparece otra patología muy habitual en el hormigón antiguo: la carbonatación. El dióxido de carbono del ambiente penetra en el hormigón y reduce su alcalinidad, que es justo lo que protege al acero de las armaduras frente a la oxidación. Cuando ese frente de carbonatación llega al hierro, el acero empieza a oxidarse, aumenta de volumen y revienta el hormigón que lo recubre. Es el clásico desconchón con la armadura a la vista y manchas de óxido. En Ciutat Cooperativa y en muchos bloques de Marianao es frecuente verlo en techos de plantas bajas, garajes y galerías.
Síntomas que debes vigilar antes de reformar
Hay señales que cualquier propietario puede observar y que deben encender las alarmas antes de tocar nada:
- Fisuras en las viguetas del techo: grietas longitudinales que siguen la dirección de la vigueta, sobre todo en el centro del vano.
- Manchas de óxido: regueros marrones que asoman por techos o forjados, señal de que el acero ya está corroído.
- Desconchones y abombamientos: trozos de hormigón que se desprenden o partes del techo que ceden ligeramente.
- Deformaciones y flechas: techos o suelos que se notan «pandeados», puertas que dejan de cerrar bien o rodapiés que se separan.
- Color anaranjado del hormigón: el cemento aluminoso degradado suele adoptar un tono terroso característico cuando se hace una cala.
Ninguno de estos síntomas es un diagnóstico por sí solo, pero todos justifican una inspección técnica seria antes de planificar la obra.
Por qué es crítico revisarlo ANTES de la reforma
Una reforma cambia las cargas y los apoyos de la vivienda: se retiran tabiques, se colocan suelos nuevos más pesados, se pican techos, se mueven instalaciones. Si por debajo de los acabados bonitos hay una estructura tocada, estás invirtiendo decenas de miles de euros sobre un problema que tarde o temprano reaparecerá, esta vez con tu cocina nueva encima. Detectar la patología al principio permite presupuestar el refuerzo, evitar sorpresas a mitad de obra y, sobre todo, garantizar la seguridad de quien vive ahí. Un diagnóstico previo es siempre más barato que reabrir una obra terminada.
Las pruebas: cala, analítica y dictamen
Para saber qué tienes realmente hay un proceso ordenado. Primero, una inspección visual de techos, viguetas y zonas húmedas. Después, una cala: se abre un pequeño tramo del forjado para ver la vigueta por dentro y tomar una muestra. Esa muestra se envía a laboratorio, donde se hacen ensayos químicos (como el test de la oxina) que confirman si hay cemento aluminoso, y se mide la profundidad de carbonatación. Con todo ello, un arquitecto o aparejador redacta un dictamen técnico que indica el estado real del forjado y las medidas necesarias. Sin ese papel, cualquier presupuesto de reforma integral es una apuesta a ciegas.
Implicaciones y cómo afrontar la reforma con garantías
Si el dictamen confirma daños estructurales, las soluciones van desde el refuerzo puntual de viguetas hasta la sustitución completa del forjado, pasando por sistemas de refuerzo con perfilería metálica o pasivado de armaduras. Es una obra mayor que afecta a elementos comunes del edificio, por lo que casi siempre implica coordinarse con la comunidad de propietarios y, en muchos casos, tramitar ayudas públicas a la rehabilitación. Lo importante es integrar ese refuerzo dentro del plan de reforma, no como un parche aislado.
En este punto conviene trabajar con quien sepa coordinar estructura y acabados a la vez. Nuestro servicio de reformas integrales en Sant Boi incluye la coordinación con el técnico que redacta el dictamen, la ejecución del refuerzo estructural y el acabado completo de la vivienda, todo en una sola obra y con un único interlocutor. Y si lo que buscas es renovar tu vivienda partiendo de un forjado ya saneado, en nuestras reformas de pisos en el Baix Llobregat planificamos cada partida sabiendo qué hay debajo, sin sorpresas a mitad de camino.
Reformar un piso de los años 60-70 en Marianao, Camps Blancs o Ciutat Cooperativa puede ser una inversión excelente: son viviendas amplias, bien comunicadas y en barrios con vida. Pero el orden importa. Primero se diagnostica la estructura, después se reforma. Hacerlo al revés sale carísimo.
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